La lucha de género y las féminas zapatistas. El primer YA BASTA


mujeres zapatistas 2

Tomado de Proyecto Ambulante

De la primavera de marzo de 1993 ala primavera nacida en noviembre.

Hemos designado la palabra género para hacer referencia de los comportamientos esperados de hombres y mujeres, de acuerdo con la cultura en la que nacen inmersos. Estos comportamientos socialmente esperados, aunados a ciertas características biológicas dieron lugar a la distribución de tareas diferenciadas y asignadas por separado a hombres y mujeres, así surgen los llamados roles de género, pero ¿Cómo se pasó de la distribución de tareas diferenciadas a la asociación de estas tareas como exclusivas de determinado grupo social? Porque, una cosa es la distribución de tareas, que podría en determinado momento cambiar, y otra es el asociar dicha tarea como exclusiva de la mujer o del hombre. Siglos y siglos de este fraccionar las responsabilidades y de la construcción de relaciones basadas en un pensamiento de superioridad-inferioridad, han dado lugar a grandes inequidades que hoy en día no han podido ser superadas del todo en casi todas las culturas.

En las comunidades Zapatistas, como en casi todas las del mundo, se vivía también una desigualdad terrible, y se puede decir que, quizá, la lucha de género ni siquiera existía en ellas antes del movimiento zapatista. El primer alzamiento, el primer “Ya basta” se dio hacia el interior de movimiento, en marzo de 1993, un año antes del levantamiento armado y lo encabezaron las primeras mujeres zapatistas de las comunidades. “No hubo bajas y ganaron”, cuenta Marcos en un comunicado que relata aquellos tiempos. Cuentan que ese año anterior al alzamiento, los zapatistas recorrían clandestinamente las comunidades buscando sacar acuerdo de lo que serían las “leyes revolucionarias”. A Ramona, a Susana, y a Ana María, mujeres indígenas de diferentes comunidades de Chiapas, les correspondió el trabajo de platicar con las demás mujeres para ir conformando lo que sería la “ley de las mujeres” aquí tomaré la narración que hacen de este evento las compañeras de mujeresylasexta:

<<Cuando después de las consultas a las comunidades, se reunió el comité clandestino revolucionario indígena (CCRI) a votar las leyes, fueron pasando una a una las comisiones de justicia, ley agraria, impuestos de guerra, derechos y obligaciones de los pueblos en lucha, y la de mujeres. A Susana le tocó leer las propuestas que había juntado del pensamiento de miles de mujeres indígenas. Empezó a leer y, conforme avanzaba en la lectura, la asamblea del Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI) se notaba más y más inquieta. Se escuchaban rumores y comentarios. En chol, tzeltal, tzotzil, tojolabal, mame, zoque y “castilla”, los comentarios saltaban en un lado y otro. Susana no se arredró y siguió: “Queremos que no nos obliguen a casarnos con el que no queremos. Queremos tener los hijos que queramos y podamos cuidar. Queremos derecho a tener cargo en la comunidad. Queremos derecho a decir nuestra palabra y que se respete. Queremos derecho a estudiar y hasta de ser choferes”. Así siguió hasta que terminó. Al final dejó un silencio pesado. Las leyes de mujeres que acababa de leer Susana significaban, para las comunidades indígenas, una verdadera revolución. Las responsables mujeres estaban todavía recibiendo la traducción, en sus dialectos, de lo dicho por Susana. Los varones se miraban unos a otros, nerviosos, inquietos. De pronto casi simultáneamente, las traductoras acabaron y, en un movimiento que se fue agregando, las compañeras responsables empezaron a aplaudir y hablar entre ellas. Ni qué decir que las leyes de mujeres fueron aprobadas. Algún responsable tzeltal comentó: “Lo bueno es que mi mujer no entiende español, que si no…” a lo que una oficial insurgente, tzotzil y con grado de mayor de infantería, le responde: “Pues te chingaste porque lo vamos a traducir en todos los dialectos”>>

Así fue. La Comandanta Ramona, la Comandanta Susana y la mayor Ana María fueron quienes iniciaron los trabajos para elaborar la Ley Revolucionaria de las Mujeres y junto con las demás mujeres zapatistas tuvieron que luchar por hacer entender a los compañeros la importancia de su inclusión, e incluso convencerse ellas mismas de que podían hacerlo. ¿Qué hubiera sido de un movimiento que enarbola los derechos y la dignidad como bandera, si no empezaba por cuestionarse esto mismo a su interior? La historia de otras luchas muestra ese fracaso de inicio. Aquella revolución francesa con su Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano y posteriormente la justa denuncia pública de Olympe de Gouges con su Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, teniendo que enfrentar la misoginia habitual de la época ¿o habría que decir de todas las épocas? que acostumbra omitir, invisibilizar, excluir a las mujeres de los beneficios de la lucha por la igualdad. Como decíamos, historias de lucha por los derechos sin incluir los de las mujeres hay muchas. Sin embargo, el zapatismo o el neo zapatismo, ha sido un parte aguas en muchos sentidos, y en este no es la excepción, librando la lucha siempre con ese caminar lento pero constante que no da tregua.

Después de la ley revolucionaria de las mujeres vendrían muchas cosas más.En 1996, ante la invitación del Congreso Nacional Indígena para que el EZLN tuviera una representación, la Comandancia General del Ejército Zapatista decidió mandar a la Comandanta Ramona como interlocutora. Esa mujer pequeña, esa paridora de mundos nuevos (según los zapatistas) que declaró con la imponencia de su tierna voz en el zócalo de la cd. De México aquella frase inolvidable “Nunca más un México sin nosotras” y que se convertiría en todo un ícono dentro del movimiento.

Después, en 2001 sería la Comandanta Esther la encargada de leer el comunicado en la sede del Congreso de la Unión frente a todos los diputados de todos los partidos políticos y ante la atención de todo el país, ella diría:

<<Mi nombre es Esther, pero eso no importa ahora.

Soy zapatista, pero eso tampoco importa en este momento…

Soy indígena y soy mujer, y eso es lo único que importa ahora.

Esta tribuna es un símbolo…

Y es un símbolo también que sea yo, una mujer pobre, indígena y zapatista, quien tome primero la palabra y sea el mío el mensaje central de nuestra palabra como zapatistas>>

Ante esta enorme movilización de la Comandancia Zapatista y el acompañamiento de miles de personas de la sociedad civil exigiendo el reconocimiento constitucional de los derechos indígenas, vendría lo que muchos sabemos, el desdén de la clase política toda y el posterior silencio de los zapatistas, quienes a partir del año 2003 comenzaron el ejercicio de construir la autonomía y al grito de “no necesitamos pedir permiso para ser libres” convirtieron los llamados Aguascalientes en Municipios Autónomos en Rebeldía (los MAREZ) y junto con ellos nacerían las Juntas de Buen Gobierno, espacios de gobernanza autónomos en donde la participación en los cargos debería ser, por consenso de la asamblea, mitad hombres y mitad mujeres.

Unos años después, en Diciembre de 2007 tendría lugar en La Garrucha (Chiapas, México) el Tercer Encuentro de los Zapatistas con los Pueblos del Mundo y el Primer Encuentro de las Mujeres Zapatistas con las Mujeres del Mundo. Una fiesta de encuentro en la que, mujeres de todo el mundo compartieron sus luchas y en el que las zapatistas contaron su camino recorrido. Cuentan quienes estuvieron ahí que era un momento único, el ver a los compañeros preparando la comida, cuidando los niños y organizando toda la logística para que las compañeras pudieran decir su palabra y escuchar a las otras. Cuentan que era precisamente mirar cómo se nacía otro mundo.

Este año surge la invitación de la Comandancia a acercarse una vez más, esta vez a aprender en “La escuelita Zapatista”. Producto de ese ejercicio se pueden leer ya los materiales, uno de ellos titulado “Participación de las mujeres en el Gobierno Autónomo” en este material nos cuentan un poco del antes y el después, desde los horrores que tuvieron que vivir las abuelas, la falta de derechos, el trato injusto de los padres hacia las hijas, el no poder decidir con quién querían casarse, los maltratos de la pareja y muchas veces del patrón, la falta de educación, y la muerte frecuente por parto o enfermedades curables. Hoy su realidad es otra, la han transformado a fuerza de lucha y ternura. Hoy las mujeres de los Municipios Autónomos participan en comisiones de educación, de salud, de producción, como camarógrafas y radioemisoras, en cooperativas artesanales y en cargos dentro de las Juntas de Buen Gobierno. Nos cuentan cómo han luchado y trabajado para que las compañeras todas, aprendan a manejar distintas tareas. También nos cuentan que la lucha no está terminada porque aún hay que seguir, porque no siempre se puede participar si los compañeros todavía no saben hacer su tortilla, si los compañeros no saben todavía poner su maíz, si los compañeros no saben todavía lavar su ropa o cuidar los niños. Por eso, aunque es mucho lo avanzado, aún hay que seguir luchando.

Fuente:

http://www.proyectoambulante.org/index.php/secciones/sociedad/item/2929-la-lucha-de-genero-y-las-feminas-zapatistas-el-primer-ya-basta

 

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