Mensaje de Gloria Arenas y Jacobo Silva en torno al impedimento jurídico para su libertad

Compañeras y compañeros:

 Soy Gloria Arenas Agis y les hablo también a nombre de mi compañero de vida, Jacobo Silva Nogales.

Queremos agradecer la solidaridad de nuestra familia, de todas aquellas personas integrantes del movimiento social y de los medios de comunicación que nos han acompañado y han estado pendientes de nuestra situación jurídica a lo largo de muchos años.

El día de ayer, jueves 19 de marzo, pudimos sentir de manera muy especial su apoyo cuando después de varios días de pronunciamientos y conferencias en torno de nuestro caso, muchos de ustedes se desplazaron hasta estos lugares tan fríos y distantes donde nos tienen recluidos desde hace nueve años.

No encuentro las palabras adecuadas para describirles la emoción que me transmitieron sus porras, sus consignas, sus risas cuando los vi desde mi celda. No se imaginan las ganas que tenía de irme con ustedes para reunirme con mi familia y lo preparada que me encontraba para ello. Supe que me trajeron un ramo de flores y estoy al tanto de todas las personas y las organizaciones que vinieron. A cada una le agradeceré personalmente el apoyo que nos dieron en un día tan difícil como el de ayer.

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¿CUÁNTO VALE LA VIDA DE UNA MUJER? Gloria Arenas Agis

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            Una noche, hace más de veinticinco años, la pequeña comunidad nahua de Tepetixtla, enclavada en la Sierra de Zongolica, se encontraba reunida con el objetivo de llegar a un arreglo entre la familia de una adolescente que había sido violada y la familia del joven violador. La muchacha había ido al arroyo por agua y regresaba con dos cubetas de plástico llenas cuando el agresor la arrastró al monte, las cubetas quedaron rotas en la vereda. A pregunta expresa, la familia de la víctima pidió que se repusiera el daño causado con dos cubetas nuevas. La familia del violador convino en esto y el asunto quedó solucionado. La asamblea terminó y la gente comenzó a dispersarse. Quedé inmóvil, como la piedra que me servía de asiento. Pensé que tal vez mi forma occidental de razonar no lograba desentrañar  la complejidad de lo que acababa de presenciar, que era una joven inexperta que no alcanzaba a entender otras culturas, pero nada de esto logró mitigar el impacto que sentía. Dos cubetas de plástico nuevas para reponer las que se habían roto era justo ¿y para reponer la integridad destrozada de la muchacha? Nada ¿Cuánto valía ella? Seguir leyendo