Carta de ISABEL ALMARAZ a Amnistía Internacional

Penitenciaría Central del estado de Oaxaca, Oax; a 4 de Junio del 2006

A LOS REPRESENTANTES DE AMNISTÍA INTERNACIONAL.

PRESENTE.

La que suscribe, C. ISABEL ALMARAZ MATÍAS, presa política y de conciencia, indígena de la región Loxicha recluida en este penal, me dirijo ante ustedes, para saludarlos y enseguida me permito lo siguiente:

Desde estas cuatro paredes de esta prisión, hago una vez de su conocimiento que sigo siendo víctima de actos de atrocidad y barbarie, que me tiene preocupada, a casi cuatro años estoy privada de mi libertad, por delito que nunca cometí sólo por la nefasta política del gobierno del estado de Oaxaca, que encabeza ULISES E. RUIZ ORTIZ, y que la fecha no ha mostrado voluntad política para atender el problema y dejarme en libertad.

Manifiesto la situación difícil que vengo padeciendo, en vista de que las autoridades de Oaxaca, están más preocupados por las elecciones federales que se aproxima y se han olvidado la responsabilidad que tienen con el pueblo.

Ante la crítica situación que estoy viviendo en estos momentos y como madre de familia, tengo dos niñas que están en completo abandono, esto me tiene afligida por lo que permito dirigirme ante ese organismo internacional con la finalidad de solicitar su intervención en este caso tan lamentable y que el gobernador de Oaxaca, resuelva de inmediato y me deje en libertad.

Confío con su intervención se busque una solución a mis reclamos y se haga justicia con mi persona, consciente estoy que no cometí delito alguno, solamente reconozco que mi delito es por ser indígena y por ser de Loxicha; por eso las autoridades me han privado de mi libertad.

Agradezco de antemano a ustedes, tomen en cuenta mi petición, consciente estoy que jamás cometí los delitos que se me señala en mi contra, es por eso hago uso de mis derechos, y desde este lugar elevo mi voz, ante el pueblo del mundo, se haga justicia a mi persona y me dejen en libertad.

PRESA POLÍTICA Y DE CONCIENCIA INDÍGENA DE LA REGIÓN LOXICHA

C. ISABEL ALMARAZ MATÍAS

INFORME MENORES DE EDAD agredid@s en Atenco

(tomado de la página de La Otra Niñ@s)

Miércoles, diciembre 20, 2006

Informe menores de edad detenidos en Texcoco y San Salvador Atenco los días 3 y 4 de mayo del 2006


INFORME

sobre el caso de los menores de edad

detenidos los días 3 y 4 de mayo de 2006

en Texcoco y San Salvador Atenco

Estado de México

PRESENTAN

Sector Niñ@s de La Otra Campaña

Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad

Kolectivo Kinta Brigada

El presente informe surge ante la necesidad de llenar el vacío de información que se generó a partir de los lamentables sucesos del 3 y 4 de mayo en los municipios de Texcoco y San Salvador Atenco, respecto al caso de los menores de edad detenidos esos días.

Si bien la sociedad mexicana pudo enterarse de las terribles circunstancias en las que fueron detenidas y trasladadas todas las personas detenidas esos días, fue gracias al esfuerzo de algunas organizaciones pertenecientes a La Otra Campaña y de medios alternativos, que se le dio difusión en diferentes espacios a lo que realmente sucedió esos días, como la tortura que sufrieron nuestros compañeros y compañeras.

No obstante, el caso de los menores de edad permaneció casi inadvertido, pues ni los medios de información ni las organizaciones civiles o de derechos humanos tenían registrado lo acontecido a los niños y niñas en ambos operativos policíacos. Sólo se sabía que había menores de edad detenidos, pero sin contar con los pormenores o información suficiente al respecto.

Lo anterior se explica porque la mayoría de los menores de edad detenidos no pertenecen a ninguna organización o colectivo que durante los terribles hechos acudieron a solidarizarse con los floricucultores y campesinos de Texcoco y San Salvador Atenco.

Ahora bien, si para las instituciones gubernamentales no valía la pena indagar o dar a conocer qué había sucedido con los menores de edad detenidos esos días, para nosotros, La Otra Campaña, es un asunto fundamental, pues la consideración, la inclusión, pero sobre todo la protección hacia los niños y las niñas es uno de nuestros principales principios.

Nueve fueron los menores de edad detenidos esos días, ocho hombres y una mujer. Quienes además de sufrir todos las violaciones a los derechos humanos perpetradas durante la detención y el traslado al penal de ‘Santiaguito’, Almoloya de Juárez, a estos jóvenes se les suma la tortura continua y prolongada durante su reclusión en el Consejo Tutelar de Menores “Quinta el Bosque”, ubicado en Zinacantepec, Estado de México.

Es decir, además de sufrir y ser testigos de golpes continuos, patadas, imposibilidad de la visión, amenazas de muerte, humillaciones, tortura sexual, permanecer sin comer durante dos días, entre otros; estos jóvenes fueron torturados a su llegada a la “Escuela de Rehabilitación Quinta el Bosque” por los custodios de esta misma institución.

Llevados en dos grupos, a excepción de la mujer, los muchachos fueron golpeados por aproximadamente 15 custodios del Tutelar, alrededor de media hora un grupo y una hora el otro. De acuerdo a lo relatado por los adolescentes, las formas de tortura fueron golpes a cada uno entre varios custodios, golpes en la boca del estómago hasta dejarlos sin aire e inmediatamente de ello hacerlos correr o hacer abdominales, romperles palos de escoba en la piernas, golpearlos en el pecho hasta el llanto, arrancarles mechones de cabello, humillarlos y amenazarlos hasta hacerlos desmayarse o vomitar.

De esta manera, tres jóvenes tuvieron que ser llevados a la enfermería y uno de ellos pasó todo el tiempo de su reclusión en este lugar. Uno de los médicos de la enfermería en algún momento intentó disuadir a los custodios para que los dejaran de golpear al ver las condiciones en que llegaban los jóvenes, pero los custodios contestaron “que no se metiera en lo que no le importaba”, pues además “venían recomendados por el gobernador”.

Desde su ingreso, los muchachos permanecieron alrededor de una semana en lo que llamaban celda de castigo. Un cuarto sin ventanas, en literas con esponjas en lugar de colchones, sin cobijas, y padeciendo las bajas temperaturas del lugar. Tenían que bañarse con agua fría muy temprano por las mañanas y sin contar con toallas para secarse, por tanto tenían que hacerlo con sus propias ropas.

Los golpes por parte de los custodios duraron todo el tiempo de su reclusión, a excepción de los que permanecieron en la enfermería. Incluso se dio el caso de que, también por órdenes de los custodios, los internos tuvieron que golpear a los muchachos. Esta situación duró los 25 días que la mayor parte de los adolescentes estuvieron recluidos en el Tutelar.

Éstas, entre otras irregularidades jurídicas, no fueron registradas en el informe que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) presentó hace algunos días, pues, a pesar de contener en dicho informe un apartado sobre menores de edad, éste no contiene información pormenorizada sobre todo lo acontecido en el Tutelar. Tampoco toma en consideración las secuelas que han padecido los niños y niñas de la comunidad de San Salvador Atenco, quienes fueron severamente violentados por las fuerzas policiales estatales y federales el día 4 de mayo cuando allanaron violentamente sus casas y su pueblo, viendo cómo detenían, golpeaban y abusaban de sus padres, familiares y vecinos. De igual forma, hubo un pequeño de tres años de edad quien estuvo en medio de la detención de los floricultores el día 3 de mayo en Texcoco, Edo. De México y padeció la aspiración de gas lacrimógeno, golpes al caer al suelo, tensión y angustia colectiva por varias horas, además de la separación de su madre por más de 22 días. A la fecha, su padre permanece detenido en el penal de Santiaguito.

Todo lo anterior además de violentar varios instrumentos jurídicos concernientes a la defensa de los derechos humanos, de los derechos del niño y legislación contra la tortura (los cuales se detallan al interior de este informe), se pone en evidencia la intención del gobierno, en todos sus niveles, de reprimir y atemorizar a los sectores sociales que luchan por defender sus derechos, especialmente aquellos que se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad, como es el caso de la tortura hacia las mujeres, adultos mayores y menores de edad.

Este informe pone de manifiesto que en este país, a los niños y las niñas se les tortura, se les golpea, se les abusa, acosa e intimida en lugar de recibir la seguridad y protección del Estado que demanda el Interés Superior de Niño, estipulado en la Convención de los Derechos del Niño, instrumento de vanguardia en la defensa de los derechos del niño no sólo en México, sino en el mundo entero, firmado y ratificado por nuestro país hace más de 10 años. En lugar de ello, la Convención de los Derechos el Niño (CDN) se encuentra lejos de ser respetada, e incluso es desconocida y no es aplicada por las instancias públicas y jurídicas dedicadas a la protección de la niñez mexicana. Por el contrario, en México se sigue aplicando el viejo sistema de justicia de menores, el cual ve en los niños y las niñas simples objetos de cuidado, de los cuales los adultos tienen la última palabra en su destino.

El lector encontrará en este informe, además de los testimonios detallados de cada uno de los jóvenes detenidos, algunos antecedentes del conflicto, elementos que nos hablan del sistema de justicia de menores en México, valoraciones médicas y psicológicas elaboradas por expertos en la materia, así como los efectos físicos y psicológicos de la tortura que han manifestado no sólo los jóvenes detenidos los días 3 y 4 de mayo, sino también los efectos psico-sociales de los niños y niñas de la comunidad de San Salvador Atenco. Cabe destacar que, a la fecha, estos niños y niñas han sido objeto de constante intimidación por los patrullajes y presencia de la policía municipal y estatal en su comunidad.

Respecto a los jóvenes, y como parte fundamental de este informe, queremos dar a conocer y denunciar públicamente que a partir de los últimos días de julio y a la fecha, el Segundo Juzgado de lo Penal del Distrito de Toluca ha enviado una serie de citatorios a los menores de edad requiriéndolos como testigos de parte del Ministerio Público en la causa número 96/06. Estas declaraciones se llevarían a cabo en el CEFERESO No. 1 (La Palma), penal de máxima seguridad en Almoloya de Juárez, donde se les lleva proceso a Ignacio del Valle, Héctor Galindo y Felipe Álvarez.

A lo anterior se agrega la presencia de automóviles sin placas detenidos cerca de sus casas y en actitud de constante vigilancia y hostigamiento por parte de desconocidos.

Este hecho los mantiene en un estado constante de angustia y estrés debido al miedo que sienten, por un lado, de verse forzados a entrar en un penal de máxima seguridad, donde serán sometidos a interrogatorio y al procedimiento de seguridad que estipulan estos centros (fotografías, revisiones corporales, incluso bajo la ropa interior, etc.) y, por otro lado, el temor de ser nuevamente recluidos bajo la fabricación de nuevos delitos.

Además, los familiares refieren que últimamente han visto automóviles sin placas apostados fuera de sus domicilios, lo que representa un acto de intimidación y hostigamiento.

Ante ello, y como organismos sociales y defensores de Derechos Humanos queremos hacer una denuncia pública, pues además de la tortura recibida en estos llamados centros de rehabilitación, lo que se pretende es involucrar a los jóvenes en casos que ya fueron comprobados, fehacientemente, no cometieron, tal como lo señala su defensa.

Por todo lo anterior EXIGIMOS:

1) Se tomen las medidas necesarias para garantizar la integridad física y psicosocial de los 9 menores detenidos durante los operativos de los días 3 y 4 de mayo del año en curso, llevados a cabo en los Municipios de Texcoco y San Salvador Atenco.

2) La cancelación de los citatorios que obliga a los menores a presentarse como testigos de la causa número 96/06 el CEFERESO No. 1 (La Palma), Almoloya de Juárez, Estado de México, dado que se ha comprobado su inocencia respecto a los delitos que les fueron fabricados, así como su nula participación en los hechos correspondientes a dicha causa penal.

3) El cese del hostigamiento e intimidación a los menores citados y sus familias.

4) El cese del hostigamiento a los habitantes del poblado de San Salvador Atenco y comunidades aledañas, que impide la reconstrucción del tejido psicosocial necesario para el pleno desarrollo y bienestar de los niños y niñas de la zona.

5) La libertad absoluta e incondicional de los 31 hombres y mujeres que aún se encuentran injustamente presos en el Centro de Prevención y Readaptación Social de ‘Santiaguito’ y CEFERESO No. 1, La Palma, en Almoloya de Juárez y “Molino de las Flores”, Texcoco, Estado de México.

6) Se lleve a cabo una investigación imparcial, independiente y exhaustiva de las violaciones perpetradas los días 3 y 4 de mayo durante los operativos de los días 3 y 4 de mayo del año en curso, llevados a cabo en los Municipios de Texcoco y San Salvador Atenco.

7) La reparación integral de los daños de las más de 200 personas detenidas durante los operativos, incluyendo a los 9 menores de edad, así como a las personas de la comunidad que fueron agredidas en sus bienes y en su integridad física, psicológica y moral.

Asimismo, responsabilizamos por las violaciones a los derechos humanos perpetrados durante estos operativos a: Wilfrido Robledo Madrid, Comisionado General de la Agencia Estatal de Seguridad, Abel Villicaña, Procurador de Justicia del Estado de México, Eduardo Medina Mora, Secretario de Seguridad Pública Federal, Silvia Preuss Windfield, Directora de la “Escuela de Rehabilitación Quinta el Bosque”, Nazario Gutiérrez, Presidente Municipal de Texcoco, Edo. De México, Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México y Vicente Fox Quesada, Presidente de México.

Responden presas políticas a Enrique Peña Nieto

Respuesta de las mujeres presas a Enrique Peña Nieto*

 

Al pueblo nacional e internacional:

 

A la prensa nacional e internacional:

 

Respuesta a las declaraciones del gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.

 

Sabemos que insiste en su postura de asegurar que no hubo abusos psicológicos, físicos y sexuales los días 3 y 4 de Mayo, que no hubo tortura ni violaciones y que no hay denuncias; con esto trata de poner en duda nuestra palabra y la de organizaciones como: CEDH, CNDH, Miguel Agustín Pro Juárez, Colectivo Contra la tortura y la Impunidad, LIMEDDH, Comisión de la verdad, FEVIM de la PGR, Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos, ONU, Amnistía Internacional, incluso dudando de los expedientes del propio penal y la palabra del pueblo que se sustentan en certificados médicos; pruebas psicológicas como el protocolo de Stambul; revisiones Psicológicas que después de 1 mes, siguen dejando secuelas como desgarre e infecciones vaginales, fotografías, videos, testimonios, denuncias ante todas estas instancias nacionales e internacionales. Su palabra no puede contra la nuestra porque ésta sustenta en pruebas médicas, psicológicas, físicas, ginecológicas, etc.

 

Sabemos que estas declaraciones que realizó en Nueva York, son para tratar de disfrazar lo que ocurre en nuestro país y las grandes empresas sigan invirtiendo en él, y así gente como usted sean los únicos beneficiados, mientras que nuestro pueblo siga sumido en la pobreza.

 

Usted asegura que nosotras nos guiamos por un “Manualito Insurgente” y con esto comprobamos que fuimos sometidas a tantas formas de represión, tortura y seguimos, algunos presos no porque seamos delincuentes sino porque para usted somos insurgentes, quizá porque levantamos la voz para denunciar las injusticias existentes en nuestro país; de ninguna manera podemos ser delincuentes, somos estudiantes, profesionistas, trabajadoras, periodistas, artistas, comerciantes, indígenas, etc.

 

El que gente como ustedes utilice manuales fascistas para trazar sus engaños al pueblo y sus actos represivos como feticidios, genocidios, etnocidios, masacres; en lugares como Cd. Juárez, Chihuahua; Oaxaca, Sicartsa, Pasta de Conchos, Acteal, El Charco, Aguas Blancas, Etc. No significa que nosotros también recurramos a la mentira. El pueblo está consciente del genocidio y la masacre del 3 y 4 de mayo en Texcoco y San Salvador Atenco.

 

Desde “la Otra Almoloya”

 

Presas Políticas

 

Abajo y a la Izquierda

 

México, Junio del 2006

A LAS MUJERES ZAPATISTAS AGREDIDAS EN LA PAZ

México, D.F., a 14 de agosto del 2007

 

 

Al Grupo de Mujeres del Municipio Autónomo de la Paz.

A todas las mujeres zapatistas.

 

Compañeras: reciban de nosotras un fuerte abrazo y nuestro apoyo incondicional. Somos un grupo de mujeres diversas, suscritas a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, que luchamos contra el capitalismo, y que también luchamos contra el patriarcado, contra la violencia hacia nosotras las mujeres. Por medio de esta carta nos pronunciamos enérgicamente en contra de las agresiones y amenazas de desalojo que el mal gobierno mexicano ejerce en contra las comunidades del Municipio Autónomo Rebelde Zapatista de la Paz. Pero especialmente condenamos la agresión sufrida por nuestra compañera María López Peñate de la comunidad Francisco Villa y toda intimidación al grupo de Mujeres del Municipio Autónomo de la Paz.

Como mujeres, sabemos que nuestra lucha es difícil, porque además de luchar contra el sistema capitalista, debemos también luchar contra un sistema patriarcal que nos oprime. Pero como ustedes han dicho, la opresión es triple si además de pobres, somos MUJERES y somos INDÍGENAS. Pero queremos decirles que gracias a su ejemplo y lucha, al igual que el ejemplo de muchas mujeres de todo el mundo, sabemos que organizadas y fuertes podemos dar la batalla para lograr junto con nuestros compañeros: justicia, libertad y democracia.

Y a ti María López Peñate te pedimos que no estés triste. Sabemos que perdiste tu casa y tus pertenencias, pero no has perdido lo más valioso que tienes, tu dignidad, tu fortaleza y el apoyo de tus compañeras y compañeros de lucha.

También queremos protestar enérgicamente por la forma en que fueron heridos los dos compañeros bases de apoyo del EZLN, Leonardo Navarro Jiménez y su hijito Juan Navarro Jiménez por culpa de los priístas de la OPDDIC en el Caracol de Morelia, donde con tanto cariño y alegría hemos sido recibidos y recibidas quienes integramos la Otra Campaña. Nos duele también las presiones que han tenido las compañeras y compañeros de la comunidad 24 de Diciembre. Nosotras vamos a seguir al pendiente para denunciar todas las represiones del mal gobierno.

Esperamos con alegría el 28 de diciembre, para poder estar con ustedes en Chiapas, en las dignas tierras zapatistas, para escuchar y aprender de su lucha y resistencia como mujeres e igualmente conocer a más mujeres dignas y rebeldes de México y el mundo.

 

¡ RAMONA VIVE, LA LUCHA SIGUE !

La Otra Campaña: Va!

Abajo y la izquierda con todo el corazón

 

Organización Zapatista Educando para la Liberación de nuestros pueblos

Puente a la Esperanza

Resistencias Enlazando Dignidad-Movimiento y Corazón Zapatista (RED MyCZ)

Sector mujeres de la otra campaña del DF y Edomex.

MUJERES INDÍGENAS Y FEMINISMO

Mujeres indígenas y feminismo.

 

Hablar de la existencia de un feminismo indígena en México hubiera resultado impensable hace unos diez años, sin embargo a partir del levantamiento zapatista, hemos visto surgir un movimiento de mujeres indígenas que esta luchando en diversos frentes.

(Aída Hernández Castillo Salgado)

 

Fuente: http://www.womenandlife.org/WLOE-sp/informaci%F3n/globalizaci%F3n/indigena.html#not

 

Subió a conferencia el 24 de Mayo de 2005

 

Mujeres indígenas y feminismo

 

 

 

Aída Hernández Castillo Salgado analiza en su artículo “Distintas maneras de ser mujer: ¿Ante la construcción de un nuevo feminismo indígena?” la evolución del feminismo en las comunidades indígenas mexicanas. La autora se centra en las transformaciones que se han sucedido desde el levantamiento zapatista de 1994 y el promulgamiento de la Ley Revolucionaria de Mujeres y reflexiona sobre las diferencias todavía existentes entre la perspectiva de género de las feministas indígenas y las mestizas.

 

Distintas maneras de ser mujer: ¿Ante la construcción de un nuevo feminismo indígena?

 

por Aída Hernández Castillo Salgado

 

Hablar de la existencia de un feminismo indígena en México hubiera resultado impensable hace unos diez años, sin embargo a partir del levantamiento zapatista, iniciado el 1 de enero de 1994, hemos visto surgir en el ámbito nacional un movimiento de mujeres indígenas que esta luchando en diversos frentes. Por un lado, las mujeres indígenas organizadas han unido sus voces al movimiento indígena nacional para denunciar la opresión económica y el racismo que marca la inserción de los pueblos indios en el proyecto nacional. A la vez estas mujeres están luchando al interior de sus organizaciones y comunidades por cambiar aquellos elementos de la “tradición” que las excluyen y las oprimen. Un análisis de las demandas de estas mujeres y de sus estrategias de lucha apunta hacia el surgimiento de un nuevo tipo de feminismo indígena, que aunque coincide en algunos puntos con las demandas de sectores del feminismo nacional, tiene a la vez diferencias substanciales.

 

El contexto económico y cultural en el que las mujeres indígenas han construido sus identidades de género, marca las formas específicas que toman sus luchas, sus concepciones sobre la “dignidad de la mujer” y sus maneras de plantear alianzas políticas. Las identidades étnicas, clasistas y de género, han determinado las estrategias de lucha de estas mujeres, que han optado por incorporarse a las luchas más amplias de sus pueblos, pero a la vez han creado espacios específicos de reflexión sobre sus experiencias de exclusión como mujeres y como indígenas.

 

 

Antecedentes de las luchas actuales:

 

Aunque el zapatismo jugó un papel catalizador en la creación de espacios de reflexión y organización para las mujeres indígenas, volviendo más visibles sus demandas, no es posible entender la fuerza actual de los movimientos de mujeres indígenas sin considerar sus experiencias en las luchas indígenas y campesinas de las últimas dos décadas. Sobre todo a partir los años setenta, vemos surgir en México un movimiento indígena importante que empieza a cuestionar el discurso oficial sobre la existencia de una Nación homogénea y mestiza. A la par de las demandas de tierra, aparecen demandas culturales y políticas, que perfilan lo que posteriormente sería la lucha por la autonomía de los pueblos indígenas.

 

Es también en esta época que se dan cambios importantes en la economía doméstica y surgen nuevos espacios de reflexión colectiva a los que se incorporan las mujeres indígenas. En el caso de Chiapas, el llamado Congreso Indígena de 1974 es considerado como un parteaguas en la historia de los pueblos indígenas. A partir de este encuentro, en el que participaron indígenas tzotziles, tzeltales, choles y tojolabales, las demandas culturales se empiezan a añadir a las demandas campesinas de una distribución agraria más justa. Aunque los trabajos sobre el movimiento indígena de esta época no mencionan la participación de las mujeres(1), sabemos por testimonios de participantes que ellas fueron las encargadas de la “logística” de muchas de las marchas, plantones y encuentros que documentan esos trabajos. Este papel de “acompañamiento” las seguía excluyendo de la toma de decisiones y de la participación activa en sus organizaciones, sin embargo les permitió reunirse y compartir experiencias con mujeres indígenas de distintas regiones del estado.

 

A la vez que las mujeres participaban activamente en las movilizaciones campesinas, se empezaban a dar algunos cambios en la economía doméstica que influyeron en que un mayor número de ellas se incorporara al comercio informal de productos agrícolas o artesanales en mercados locales. No es posible entender los movimientos políticos más amplios si no consideramos las dinámicas locales por las que estaban pasando las familias indígenas. El “boom petrolero” de la década de los setenta, aunado a la escasez de tierras cultivables, influyó en que muchos hombres indígenas de Chiapas migraran a las zonas petroleras, dejando a sus mujeres al frente de la economía familiar(2). Estos procesos de monetarización de la economía indígena han sido analizados como factores que le restaron poder a las mujeres al interior de la familia, al influir en que su trabajo doméstico cada vez fuera menos indispensable para la reproducción de la fuerza de trabajo(3). Sin embargo, para muchas mujeres se trató de un proceso contradictorio, pues a la vez que se reestructuró su posición al interior de la unidad doméstica, al incorporarse al comercio informal entraron en contacto con otras mujeres indígenas y mestizas y se iniciaron procesos organizativos a través de cooperativas, que con el tiempo se convirtieron en espacios de reflexión colectiva.(4)

 

La migración, la experiencia organizativa, los grupos religiosos, las Organizaciones No Gubernamentales e inclusive los programas de desarrollo oficiales han influido en la manera en que los hombres y las mujeres indígenas han reestructurado sus relaciones al interior de la unidad doméstica y han replanteado sus estrategias de lucha. La Iglesia Católica, a través de la Diócesis de San Cristóbal, jugó también un papel muy importante en la promoción de espacios de reflexión. Aunque la Teología de la Liberación, que guía el trabajo de pastoral de esta Diócesis, no promovía una reflexión de género, al analizar en sus cursos y talleres las desigualdades sociales y el racismo de la sociedad mestiza, las mujeres indígenas empezaron a cuestionar también las desigualdades de género que vivían al interior de sus propias comunidades. Para fines de la década de los ochenta, un grupo de religiosas empezó a apoyar esta línea de reflexión y planteó la necesidad de abrir el Área de Mujeres dentro de la Diócesis de San Cristóbal. En otros escritos he analizado con detalle este encuentro entre religiosas e indígenas, que dio origen a la Coordinadora Diocesana de Mujeres (CODIMUJ), uno de los principales espacios organizativos de las mujeres indígenas chiapanecas(5). Estas mujeres, con su experiencia organizativa y su reflexión de género, han jugado un papel importante en el movimiento de mujeres más amplio. Pero fue a partir de la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en 1994, que las mujeres indígenas empezaron a levantar sus voces en los espacios públicos no sólo para apoyar las demandas de sus compañeros, o para representar los intereses de sus comunidades, sino para exigir el respeto a sus derechos específicos como mujeres(6).

 

 

Del “feminismo” a los feminismos:

 

Aunque la construcción de relaciones más equitativas entre hombres y mujeres se ha convertido en un punto medular en la lucha de las mujeres indígenas organizadas, el concepto de feminismo no ha sido reivindicado dentro de sus discursos políticos. Este concepto sigue estando identificado con el feminismo liberal urbano, que para muchas de ellas tiene connotaciones separatistas que se alejan de sus concepciones de la necesidad de una lucha conjunta con sus compañeros indígenas. Quienes llegamos al feminismo tras una experiencia de militancia en organizaciones de izquierda, sabemos la fuerza ideológica que han tenido los discursos que representan al feminismo como una “ideología burguesa, divisionista e individualista” que separa a las mujeres de las luchas de sus pueblos. Las experiencias del feminismo liberal anglosajón, que de hecho si partieron de una visión muy individualista de los “derechos ciudadanos”, han sido utilizadas para crear una representación homogeneizadora del “feminismo”.

 

Apropiarnos de este concepto y darle nuevos sentidos ha sido parte de la lucha de los múltiples feminismos mexicanos que se han venido gestando en las últimas décadas. La reivindicación de un “feminismo indígena” sólo será posible en la medida en que las mujeres indígenas le den un contenido propio al concepto de “feminismo” y lo sientan útil para crear alianzas con otras mujeres organizadas. De momento, muchas de sus demandas, tanto las dirigidas al Estado como a sus organizaciones y comunidades, se centran en reivindicar “la dignidad de la mujer” y la construcción de una vida más justa para todos y todas. La Ley Revolucionaria de Mujeres, promovida por las militantes zapatistas, es uno de los múltiples documentos que expresan estas nuevas demandas de género(7).

 

La citada ley consta de diez puntos entre los que se encuentra el derecho de las mujeres indígenas a la participación política y a los puestos de dirección, el derecho a una vida libre de violencia sexual y doméstica, el derecho a decidir cuantos hijos tener y cuidar, el derecho a un salario justo, el derecho a elegir con quien casarse, a buenos servicios de salud y de educación, entre otros. Aunque esta Ley no es conocida en detalle por todas las mujeres indígenas, su existencia se ha convertido en un símbolo de las posibilidades de una vida mejor para las mujeres. Estas nuevas demandas de género se han expresado de distintas formas en Foros, Congresos y Talleres, que se han organizado a partir de 1994, y han venido a cuestionar tanto las perspectivas esencialistas del movimiento indígena, que ha presentando a las culturas mesoamericanas como armónicas y homogéneas, como los discursos generalizadores del feminismo que enfatizan el derecho a la igualdad sin considerar la manera en que la clase y la etnicidad marcan las identidades de las mujeres indígenas.

 

De frente al movimiento indígena, estas nuevas voces han cuestionado las perspectivas idílicas de las culturas de origen prehispánico, discutiendo las desigualdades que caracterizan las relaciones entre los géneros. A la vez, han puesto en tela de juicio la dicotomía entre tradición y modernidad que ha reproducido el indigenismo oficial, y que en cierta medida comparte el movimiento indígena independiente, según la cual sólo hay dos opciones: permanecer mediante la tradición o cambiar a través de la modernidad. Las mujeres indígenas reivindican su derecho a la diferencia cultural y, a la vez, demandan el derecho a cambiar aquellas tradiciones que las oprimen o excluyen: “También tenemos que pensar qué se tiene que hacer nuevo en nuestras costumbres, la ley sólo debiera proteger y promover los usos y costumbres que las mujeres, comunidades y organizaciones analicen si son buenas. Las costumbres que tengamos no deben hacer daño a nadie”(8).

 

Paralelamente, las mujeres indígenas están cuestionando las generalizaciones sobre “La Mujer” que se han hecho desde el discurso feminista urbano. En el deseo de imaginar un frente unificado de mujeres contra el “patriarcado”, muchos análisis feministas han negado las especificidades históricas de las relaciones de género en las culturas no occidentales(9). En este sentido es importante retomar la crítica que algunas feministas de color han hecho al feminismo radical y liberal norteamericano por presentar una visión homogeneizadora de la mujer, sin reconocer que el género se construye de diversas maneras en diferentes contextos históricos(10).

 

 

La brecha cultural entre mestizas e indígenas:

 

Considero que las feministas urbanas hemos tenido en muchas ocasiones una falta de sensibilidad cultural de frente a la realidad de las mujeres indígenas, asumiendo que nos une a ellas una experiencia común frente al patriarcado. La formación de un movimiento amplio de mujeres indígenas y mestizas se ha dificultado por esta falta de reconocimiento a las diferencias culturales. Uno de los intentos frustrados de formación de un movimiento amplio fue la Convención Estatal de Mujeres Chiapanecas formada en septiembre de 1994. Previo a la realización de la Convención Nacional Democrática, convocada por el EZLN, mujeres de Organizaciones No Gubernamentales, de cooperativas productivas y de organizaciones campesinas, se reunieron para elaborar conjuntamente un documento que presentaron en la reunión de Aguascalientes, en el cual se expusieron las demandas específicas de las mujeres chiapanecas. Este fue el germen de la Convención Estatal de Mujeres Chiapanecas, un espacio heterogéneo en lo cultural, político e ideológico. Mujeres mestizas urbanas de Organizaciones No Gubernamentales, feministas y no feministas y de Comunidades Eclesiales de Base, nos reunimos con mujeres monolingües de los Altos, sobre todo tzeltales y tzotziles; con tojolabales, choles y tzeltales, de la selva, y con indígenas mames de la Sierra. Esta organización tuvo una vida muy corta, sólo se lograron realizar tres reuniones ordinarias y una especial, antes de que la Convención se disolviera.

 

Esta pendiente la tarea de realizar una reconstrucción histórica de este movimiento amplio, que analice críticamente las estrategias del feminismo urbano para crear puentes de comunicación con las mujeres indígenas. Llama la atención, sin embargo, que las mujeres mestizas, a pesar de haber sido minoría, fueron quienes asumieron los puestos de liderazgo en una jerarquía interna no reconocida. Muchas de las mujeres integrantes de la Convención fueron después invitadas por el EZLN como asesoras o como participantes en la mesa uno sobre “Cultura y Derechos Indígenas”, que se llevó a cabo en 1995 en San Cristóbal de las Casas, dentro de la que se integró una mesa especial sobre la “Situación, derechos y cultura de la Mujer Indígena”. En esta mesa, las asesoras mestizas encargadas de las relatorías dejaron fuera las detalladas descripciones de las mujeres indígenas sobre sus problemas cotidianos, incluyendo sólo las demandas generales de desmilitarización y las críticas al neoliberalismo. Es a partir de estas experiencias cotidianas, que han sido borradas de las relatorías y memorias de encuentros, que las mujeres indígenas han construido sus identidades de género de una manera distinta a las de las feministas urbanas.

 

Sólo acercándonos a estas experiencias podremos entender la especificidad de sus demandas y sus luchas. Después de estas experiencias, no es de sorprender que cuando se realizó el Primer Congreso Nacional de Mujeres Indígenas en octubre de 1997, las participantes decidieran que las asistentes mestizas sólo podían participar en calidad de observadoras. Esta decisión fue calificada de “separatista” y hasta de “racista” por parte de algunas feministas, que por primera vez fueron silenciadas por las mujeres indígenas. Argumentos similares a los que se utilizan contra las mujeres cuando demandamos un espacio propio al interior de las organizaciones políticas. Es importante reconocer que las desigualdades étnicas y de clase influyen en que, aunque sea de manera no intencionada, las mujeres mestizas, con un mejor manejo del español y de la lecto-escritura, tendamos a hegemonizar la discusión cuando se trata de espacios conjuntos. Por ello, resulta fundamental respetar la creación de espacios propios y esperar el momento propicio para la formación de alianzas. Las mujeres purépechas, totonacas, tzotziles, tzeltales, tojolabales, mazatecas, cucatecas, otomíes, triquis, nahuas, zapotecas, zoques, choles, tlapanecas, mames, chatinas, popolucas, amuzgas y mazahuas, que se reunieron en Oaxaca en este primer encuentro nacional de mujeres indígenas, están viviendo sus propios procesos, que no siempre confluyen con los tiempos y agendas del feminismo urbano.

 

Un ejemplo de esta brecha cultural existente entre mestizas urbanas e indígenas fue las fuertes críticas que algunas feministas hicieron a la Segunda Ley Revolucionaria de Mujeres, propuesta por las indígenas zapatistas, por haber incluido un artículo que prohibe la infidelidad. Esta modificación a la Primera Ley Revolucionaria de Mujeres fue considerada una medida conservadora producto de la influencia de la Iglesia en las comunidades indígenas. Estas precipitadas críticas, deben contextualizar esta demanda de las mujeres indígenas en el marco de una realidad en la que la infidelidad masculina y la bigamia son justificadas culturalmente en nombre de la “tradición”, y se encuentran estrechamente vinculadas con las prácticas de violencia doméstica. Una prohibición que para las mujeres urbanas puede resultar moralista y retrograda, quizá para algunas mujeres indígenas sea una manera de rechazar una “tradición” que las vuelve vulnerables al interior de la unidad doméstica y la comunidad.

 

Lo mismo sucede en lo que respecta a la legislación en torno de la violencia doméstica. Las feministas urbanas de Chiapas lucharon durante varios años para lograr que se aumentara la penalización para los esposos golpeadores, logrando finalmente que en 1998 se modificara el artículo 122 del Código Penal aumentando la penalización en casos de violencia doméstica. Ahora las mujeres indígenas que carecen de independencia económica son directamente afectadas por el castigo que la ley impone a sus maridos, al quedar sin su apoyo económico durante el tiempo en que éste es encarcelado. Algo similar sucede en lo que respecta al derecho al patrimonio y a la pensión alimenticia para las mujeres indígenas. De poco sirve la lucha legislativa, cuando sus esposos carecen de tierra y de un trabajo fijo.

 

En el trabajo en contra de la violencia doméstica en contextos multiculturales, valdría la pena retomar la propuesta de Chandra Monhanty quien señala que “La violencia masculina debe ser teorizada e interpretada dentro de sociedades específicas, para así poder entenderla mejor y poder organizarnos más efectivamente para combatirla” (Monhanty 1991:67). Si el reconocimiento de las similitudes entre las mujeres nos permite crear alianzas políticas, el reconocimiento de las diferencias es requisito indispensable para la construcción de un diálogo respetuoso y para la búsqueda de estrategias de lucha más acordes a las distintas realidades culturales. Quizá la construcción de este diálogo intercultural, respetuoso y tolerante, entre mujeres indígenas y mestizas, contribuya a la formación de un nuevo feminismo indígena basado en el respeto a la diferencia y el rechazo a la desigualdad.

 

 

Notas:

 

1. Sobre el movimiento indígena y campesino en el ámbito nacional, ver Sergio Sarmiento, La lucha indígena. Un reto a la ortodoxia, Siglo XXI, México, 1987. Sobre el Congreso Indígena de 1974, ver Jesús Morales Bermúdez, “El Congreso Indígena de Chiapas: Un testimonio”, en Anuario 1991, Instituto Chiapaneco de Cultura, Tuxtla Gutiérrez, pp. 241-371.

 

2. Para el análisis del impacto de estos cambios en la economía campesina, ver George Collier, Basta! Land and the Zapatista Rebellion in Chiapas. Food First Books, Oakland California, 1994, y Diana Rus, “La crisis económica y la mujer indígena, El caso de San Juan Chamula, Chiapas”, INAREMAC, San Cristóbal de las Casas, 1990.

 

3. Ver Collier, op. cit., y Merielle Flood, “Changing Gender Relations in Zinacantán, México”, en Research in Economic Anthropology, vol. 15, 1994.

 

4. Ver June Nash, “Maya Household Production in the Modern World”, en The Impact of Global Exchange on Middle American Artisans, June Nash (ed.), State University of New York Press, Albany, 1993.

 

5. Ver R. Aída Hernández, “Indígenas y religiosas en Chiapas: Una nueva Teología India desde las mujeres?”, en Cristianismo y Sociedad, vol. XXXV, núm.137, Guayaquil, 1998, pp. 32-55.

 

6. Esta participación en los espacios públicos ha encontrado como respuesta la represión tanto por parte del Estado como de sus propios compañeros y comunidades. Para un análisis de la violencia que han tenido que enfrentar las mujeres organizadas, ver R. Aída Hernández, “Construyendo la utopía. Esperanzas y desafíos de las mujeres chiapanecas de frente al siglo XXI”, en La otra palabra. Mujeres y violencia en Chiapas, antes y después de Acteal, R. Aída Hernández (ed.), CIESAS/COLEM/CIAM, México, 1998.

 

7. Esta Ley se dio a conocer a través del órgano informativo del EZLN “Despertador Mexicano”, distribuido en distintos lugares de Chiapas el 1 de enero de 1994, y ha sido reproducida por la prensa nacional e internacional. Para una descripción y análisis detallado de la Ley Revolucionaria de Mujeres, ver R. Aída Hernández, “Reinventing Tradition: The Women’s Law”, en Akwe:Kon: A Journal of Indigenous Issues, Volume XI, Number 2, Cornell University, Summer 1994, y Guiomar Rovira Guiomar, Mujeres de Maíz, Era, México, 1997.

 

8. Memorias del Encuentro Taller “Los Derechos de las Mujeres en Nuestras Costumbres y Tradiciones”, San Cristóbal de las Casas, Mayo 1994.

 

9. Este feminismo eurocentrista se puede encontrar en los trabajos de Mary Daly, Gyn/Ecology: The Methaphysics of Radical Feminism, Peacon, Press, Boston, 1978, y Rosa María Cutrufelly, Women of Africa: Roots of Opression, Zed Press, Londres, 1983, entre muchos otros.

 

10. Para una crítica al feminismo occidental, ver los trabajos de Trinh Min-ha, Woman, Native, Other: Writing Postcoloniality and Feminism, Indiana University Press, Indiana, 1988; Norma Alarcón, “The Theoretical Subjects of This Bridge Called My Back and Anglo-American Feminism”, en Gloria Anzaldúa (ed.), Making Faces/Making Soul: Haciendo caras, Editorial Aunt Lute, San Francisco, 1990. Y Chandra Mohanty, “Under Western Eyes: Feminist Scholarship and Colonial Discourses”, en Chandra Mohanty, Ann Russo, Lourdes Torres (eds.), Third World Women and the Politics of Feminism, Indiana University Press, Broomington, 1991.

 

Artículo tomado de CEMHAL Centro de Estudios de la Mujer en la Historia de América Latina

 

© Agosto, 2002. Aída Hernández Castillo Salgado